Los hombres son dueños de su propio destino.
Paulo Coelho
La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los
hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que
encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede
y debe aventurar la vida.
Miguel de Cervantes
En estos días en los que se está negociando el
Presupuesto comunitario para el ejercicio 2011, con el consiguiente mercadeo
que se deriva de esos pactos, como siempre, perjudicará a países que como
España apenas ‘pintan’ nada en el concierto europeo. La broma nos va a costar
unos 20.000 millones de euros menos que los recibidos el año anterior y, será
así, mientras el negociador sea el ‘peor
Ministro de Finanzas de la UE’, según el Financial Times. Y será
inevitable, en tanto no asumamos que nuestro papel en la eurozona es el de mero
comparsa de los grandes (recuérdese el nombramiento esta misma semana de un
luxemburgués para la vacante del BCE con la oposición de España) y que no
recuperaremos nuestra entidad como país, en tanto permanezcamos como un
protectorado alemán más: nos dictan cuándo, cómo y de que modo, debemos hacer
nuestros deberes… ¿qué queremos más? ¿no hay motivos para cuestionar nuestra
presencia en la UE?
EL EURO COMO
INSTRUMENTO AL SERVICIO DE LOS INTERESES ALEMANES
El euro y las disposiciones que regulan la eurozona,
ha conseguido que sin disimulo alguno, los políticos hayan apostado por
proteger los intereses de los poderes industrial y financiero europeos para que
estos incrementen de manera exponencial sus capitales a costa de la clase
trabajadora. ¿Merece la pena nuestro esfuerzo y sacrificio para salvar una
eurozona que rema contra los intereses de la mayoría?
La crisis del euro habría que enmarcarla en su propia
gestación. Se orientó, desde el primer instante, a un proceso de
rentabilización de los capitales de la eurozona. Si a ello le añadimos las políticas
de ajuste permanente que se vienen practicando en toda la UE. La ausencia de
políticas fiscales que permitiesen una justa distribución de la renta y la
riqueza desde las zonas en que se produce más y mejor a las zonas más
deprimidas. La falta de verdaderos mecanismos de solidaridad en la UE. La
carencia de medios que regulen las asimetrías de unos países frente a otros…,
Todo ello nos lleva a finalizar que el euro es un proyecto que ha fracasado.